Somos grupo,

somos piña,

somos tribu,

somos un equipo,

somos comunidad.

Una de las características de mi trabajo y que me parece súper bonito es poder compartir con la unidad familiar en sintonía y en la misma dirección. Es por eso que no son clases de violín extraescolares para niños solamente, realmente son encuentros relacionales donde la música nos une generando situaciones y experiencias de vínculo y amor a través del encuentro entre un padre/madre y su hijo/a, a través del grupo, a través del juego y las risas, y a veces a través del conflicto que pueda surgir durante la práctica de la semana. Porque también hay complicaciones y forman parte de la paleta de colores y sonidos en la que la música nos envuelve.

Al trabajar como un colectivo nos cuidamos y nos tenemos en cuenta a la hora de tomar decisiones y esto genera una relación no solo conmigo sino también entre cada miembro de la unidad familiar.

Hace dos semanas hemos tenido nuestra convivencia de otoño, hemos ido juntos al campo. Me encantó ver a los niños saltando en la cama elástica todo el día! Mientras los adultos compartíamos en una extensa escuela de padres el día a día de la práctica del violín así como juegos y recursos para hacerlo ameno y divertido.

En estos encuentros reconectamos con lo esencial que es, compartir, escuchar y observar.

En mi manera de enseñar hay juego, hay límites respetuosos, hay movimiento y quietud, porque la música es un órgano vivo que necesita de todos los recursos para vibrar, y es importante entender que todos dependen de todos. Y eso es GRUPO, eso es COMUNIDAD, y ese lazo genera estabilidad en las emociones de los más pequeños. Por ello no somos personas individuales, pues una mínima sonrisa puede ser percibida y dejar huella así como un mal gesto.

Me gusta transmitir siempre lo importante que es cuidarnos, darnos espacio, y escucharnos, porque los niños aprenden por escucha e imitación y tocar el violín no es solo pasar el arco por las cuerdas y pisarlas, tocar el violín es hermoso, es belleza, es equilibrio, es orden y es una acción que necesita amor.